¿Alguien tiene alguna pregunta?

Llevas 30 minutos hablando con un silencio sepulcral. Has intentado romper el hielo un par de veces con chistes de “se abre el telón” pero fracasaste más que el monologuista mierder. De todos modos tú has hecho tu trabajo: las diapos han ido como la seda, la idea central de tu charla ha quedado clara y tienes en el paladar la sensación de que el objetivo se ha conseguido gracias a una estructura envidiable. Sólo falta un último detalle, ofrecer a la audiencia la posibilidad de que te pregunte.

En la penúltima fila un hombre de bigote levanta la mano y las gotas de sudor frío empiezan a caer por tu frente. Bebes un sorbo de agua y pronuncias “dígame” desviando ligeramente la mirada.

Bueno verá, yo más que una pregunta tengo una precisión que hacerle… 

Y todo se empieza a torcer.

Si la última diapo, la última frase y el último gesto son cruciales para “marcar” en la mente de los espectadores tu discurso, un turno de preguntas requiere un esfuerzo extra por tu parte para no llevarse por delante ese final tan trabajado. En realidad, el turno de preguntas es el final de tu charla y puedes salir a hombros o encoger de forma infinita en tus pantalones.

Las preguntas ponencia

Las preguntas ponencia son aquellas que se realizan principalmente en congresos y juntas de vecinos. Son preguntas que no tienen símbolo de interrogación al final y que sencillamente se utilizan para que una persona afiance su “soy yo el experto, el que debería estar en el escenario, no este mamarracho“.

Se caracterizan por su extensión (las hay que han llegado a extenderse más allá del tiempo de la ponencia) y porque en el resto de la audiencia provocan miradas de complicidad del tipo “¿de dónde ha salido este fulano?”.

Son sin duda las preguntas más desagradables porque roban tiempo de otras muchas preguntas interesantes pero forma parte del trabajo del orador saber enfrentarse a ellas.

Sugerencias:

  • No entres a la pelea. Siguiendo el espíritu de “don’t feed the troll” no te enzarces en una discusión que probablemente no llegue a ningún lado. El que pregunta no quiere discutir, quiere llevar la razón.
  • Dale parte de razón. Aunque no estés de acuerdo, seguro que de si discurso de 10 minutos hay algo con lo que podrías estar remotamente de acuerdo. Parte de ahí.

Ejemplo 1:

Das una charla sobre el viaje a la luna y la ronda de preguntas se abre con un hombre empeñado que todo fue un montaje dirigido por Kubrick.

Un buen comienzo para tu réplica es “Sin duda, durante mucho tiempo hubo determinados aspectos del viaje a la luna sujetos a mitos, leyendas urbanas y escepticismo. En eso estoy de acuerdo. Sin embargo con el paso de las décadas ha quedado demostrado… [aquí insertas un resumen del primer programa de Escépticos] De todos modos agradezco sus comentarios porque desde luego son dudas que están en la mente de muchísimos ciudadanos”

En realidad no estás de acuerdo. En absoluto. Pero pronuncias la palabras y rápidamente pasas a otra pregunta. Una media verónica que te puede hacer quedar como un grande ante el resto del público.

Las respuestas que no sabes (y que no deberías saber)

Si te hacen una pregunta alejada de tu ámbito de conocimiento y por lo tanto que no tienes por qué saber dilo honestamente pero explica por qué no está en tu ámbito. Una vez hecho eso siempre puedes (y ayuda) dar tu opinión si quieres pero remarcando que es tu opinión personal. Intenta de todos modos que estas preguntas no alejen la sesión del objetivo de tu charla porque se corre el riesgo de que sea lo que el público se lleve para casa.

Ejemplo 2:

Recuerdo una charla para familias sobre uso seguro y responsable de redes sociales. Al terminar una madre muy alarmada me preguntó sobre lo dañino de las ondas de los móviles para la salud de los niños. No soy radiólogo, ni médico por lo que respondí muy brevemente que mi opinión era fiarme de los datos de la OMS los cuales decían que no había mayor peligro al respecto pero que le animaba a leer los artículos científicos publicados sobre el tema.

Las respuestas que no sabes (y deberías saber)

Estas son jodidas porque si eres un experto en algo la audiencia desde luego espera algo contundente cuando te pregunta directa o indirectamente sobre tu exposición. Pero una vez más puede pasar que te falte un dato o que no tengas la seguridad absoluta para responder.

Sé prudente, sé honesto y si lo deseas tratar de hacer un Rajoy… o un Zapatero… o un Ana Mato osea, lleva la pregunta a tu terreno. No se trata de escaquearse (la segunda ya tal) sino de, una vez reconocido que es una pregunta difícil o que incluso deberías saber esa respuesta y no la tienes puedes reconducirla para que no quede en un decepcionante “no tengo ni la más mínima idea”.

Ejemplo 3:

La semana pasada estaba en un 1º de la ESO hablando de aplicaciones móviles. Son niños muy exigentes y como falles en una pregunta todo tu halo de “experto” se puede ir al garete. A ver quién les da pautas después de ese fracaso.

Para mí desgracia me preguntan sobre todo tipo de apps, algunas que salieron “ayer” y me cuesta estar al día. Un niño me preguntó sobre la polémica de que un pedófilo estaba detrás de “Talking Angela”.

Hombre, había estado hablando de riesgos, de móviles, de apps, de denuncias, de leyes y resulta que no tenía ni idea de qué era Talking Angela (tuve que pedir que me lo deletrearan). Además un porcentaje importante de la audiencia estaba inquieta con el tema así que no me podía ir de allí con el tema en el aire.

Primero: reconocí que no había oído hablar de la aplicación. Que lógicamente para mí es difícil conocer todo de todas las aplicaciones.

Segundo: rápidamente añadí un “sin embargo” para explicar que lo que yo recomendaba fuera cual fuera la aplicación era buscarlo en Google seguido de palabras como “mito”, “bulo”, “fake” u “hoax”.

Tercero: procedí a hacerlo en vivo y en directo para en menos de un minuto descubrir que todo se trataba de un hoax.

No sabía la respuesta a la pregunta pero para los críos verme buscando la respuesta me parecía que encajaba con una de las ideas del taller: que sean capaces de resolver sus propias dudas tecnológicas buscando en Internet.

Las respuestas que sabes

Cuando te hacen la pregunta que estás esperando y despojado de toda la tensión acumulada en la preparación de la charla es terriblemente fácil ponerse a divagar.

“Lanza” la pregunta contra tu exposición para ilustrar de qué modo responde tu discurso a esa duda o de qué modo se pueden aplicar las técnicas y consejos que has dado para resolverla.

Aprovecha el terreno conocido y firme para asentar aún más tu objetivo.

Otros consejos generales

1) Tómate tu tiempo. Piensa antes de responder en lugar de llenarte de “ehhhh….. mmmmhhhh”. La audiencia entenderá perfectamente que una buena respuesta lleva un tiempo mínimo de preparación. A veces tan solo el que te lleva pegarle un trago a la botella de agua antes de hablar y dejarla en su mesa con el tapón cerrado.

2) Sé breve.

3) ¿Qué diapo está puesta mientras la gente hace preguntas? Si llevas presentación no está de más que sea la diapo más representativa para desincentivar que la gente “se vaya” de tu discurso. Las diapos tipo “Muchas gracias ;-)” no aportan mucho en esos momentos.

4) Si no hay preguntas allana el camino recuperando alguna pregunta que te hayan hecho en una charla anterior. Tipo “quizás algunos os estéis preguntando…” para desterrar el miedo a preguntas tontas.

5) Sé agradecido. Las preguntas son joyas que pueden coronar una charla con aportaciones interesantísimas pero para levantar la mano a veces hay que tener valor. Expresiones como “es muy buena pregunta”, “estás abriendo un debate muy interesante”, etcétera dejan buen sabor de boca por desprenden humildad en un ambiente (orador-público) donde es fácil quedar como un engreído aunque no se sea.

6) Cuando no haya más preguntas o des por finalizado el turno despídete con una o dos frases que recuperen la esencia de tu charla. Que lo último que oigan sea eso, no una pregunta ponencia.

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4 comentarios

  1. Lee 24 marzo, 2014 en 8:57 pm #

    Fantastico Juan!!! Brilliante!!

  2. César 25 marzo, 2014 en 9:31 am #

    Se me ocurre otro tipo de pregunta, prima hermana de la “pregunta ponencia”: La “pregunta autobombo”. Es la clásica pregunta que hacía el listillo de clase para demostrar que lo ha entendido, o que sabe de que se está hablando.

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