Aquellos maravillosos discursos americanos

Ver a Obama en campaña y ver a X político español hablando a la prensa desde un plasma. ¿Por qué da siempre la sensación de que los estadounidenses o los americanos en general son unos superdotados del discurso?  Habría que preguntárselo a los que lo escriben y en el caso de Barack Obama la persona indicada es John Favreau… no, no el director de Iron Man.

Jon_Favreau_reviewing_a_speech_with_Obama_cropped

Esta imagen es preciosa porque hasta el presidente de Estados Unidos pide ayuda para sus discursos. Ese “Yes we can” que ahora bautiza partidos políticos estaba perfectamente milimetrado desde las líneas de un word, desde la discusión, desde la revisión y desde la crítica.

Aunque Yes We Can fue una constante en la campaña de Obama, uno de sus mejores discursos  (en palabras de Roger Senserrich) tuvo lugar en Iowa. Las cuatro primeras líneas (¿o deberíamos decir versos?) te encienden incluso aunque no tengas ni idea de inglés:

En los primeros dos minutos solamente puedes disfrutar de una auténtica clase de oratoria donde Barack se matricula cum laude en uso de las pausas, repetición y modulación de tono de voz.

Este discurso se ha despiezado en una mini entrevista con su autor, Favreau. En la misma encontramos ideas muy interesantes sobre la importancia del ritmo en el discurso. Un ritmo incluso musical, un ritmo que nos permite ser parte de un grupo (sólo hay que observar los primitivos ritmos que se tararean en canchas de fútbol o baloncesto).

Otra escritora de discurso como Kate Cary afirma que la cadencia en la voz de Obama es única (quizás por su caracter afroamericano) pero que todos los presidentes, incluso George HW. Bush con el que ella trabajó son capaces de encontrar su musicalidad.

[“Cause we are americans…” los pelos como escarpias oye]

Pero quizás la aportación más interesante llega al final de mano de un lingüista de la universidad de Columbia:

El ritmo de un gran discurso le da a la gente una sensación de orden en una vida caótica. Establece un patrón que la audiencia puede anticipar y seguir. Es muy emocionante para el oyente, como ocurre con la música. El ritmo te da una sensación de expectación que es satisfecha. Es muy humano y en cierto modo primario pero sin duda funciona en los discursos.

Pausas correctas, inflexiones en el tono de voz, cambios en el volumen e incluso la elección de determinadas palabras son trucos capaces de transformar un discurso en una canción. Por si te parece exagerado, aquí te dejamos el mítico discurso de Obama hecho canción:

Como bonus track, hay una charla TEDx de Nancy Duarte sobre este tema muy interesante. Creo que la enlazamos alguna vez pero por si acaso:

 

Share

Sin comentarios todavía

Deja un comentario