Cómo empezar una charla con buen pie

Os voy a contar un secreto, algo que nunca me había atrevido a decir y que puede que cambie vuestra opinión sobre este blog para siempre: acabo de escribir esta introducción para captar vuestra atención.

Y ahora que tengo vuestra atención, vamos a convertirla en interés: a tu audiencia solo le lleva unos segundos decidir si va a escucharte o no; si les va a interesar lo que dices y si eres creíble. Estos primeros segundos son críticos y marcan el ritmo del resto de tu discurso. Hoy vamos a hablar de cómo crear introducciones que funcionan.

Las primeras palabras

La introducción es la primera de las tres partes de la estructura tripartita. En la introducción captamos la atención de la audiencia y la transformamos en interés. Pero antes de hablar de lo que funciona, hablemos de lo que no suele funcionar. Casi no hace falta ni que te lo cuente. Seguro que has estado en más de una charla en la que nada más empezar pones lo ojos en blanco y piensas “Oh no, otra vez…”. Por ejemplo:

  • El conferenciante se presenta y habla sobre su currículum y lo bueno que es: La audiencia quiere que hablemos de ellos. Lo más importante de tu charla no somos nosotros.
  • El orador hace una gracia que acaba en planchazo: Si vas a hacer una broma, asegúrate de que ha funcionado antes, y de que es adecuada para tu público. Hacer un chiste y que no se ría nadie, además de hacerte quedar mal, hará que te sientas más inseguro y nervioso.
  • Empieza la charla con “Hola hoy me gustaría hablaros de…”. Gracias, Capitán Obvio.

Si tenemos en mente en nuestro objetivo de captar la atención de la audiencia, con un poco más de esfuerzo podemos ser infinitamente más efectivos. Lo más sencillo es contar una historia que esté relacionada con la idea central de la charla. Nuestros cerebros están enganchados a las historias, no lo podemos evitar. Como ejemplo, mira los primeros segundos de esta charla de Seth Godin:

 

Otra opción es hacer a la audiencia partícipe de tu charla e invitarles a pensar con una pregunta retórica. De esta manera enganchamos al público a pensar y tomar parte activa en lo que está pasando:

Ponerse metas es fácil, pero cumplirlas es difícil. ¿Has pensado alguna vez cómo te saboteas a ti mismo?

Un primo-hermano de la pregunta retórica es directamente invitar a la audiencia a participar. Ojo con esto: no lo hagas demasiado complicado; un simple “levantad la mano los que…” puede ser suficiente. Conseguir interacciones más complejas requiere tiempo, práctica y que estés muy seguro de lo que haces.

Finalmente, puedes captar la atención haciendo una afirmación sorprendente: mencionar un hecho o dato estadístico inesperado. Un fantástico ejemplo, una vez más de TED:

No se vayan todavía, aún hay más

Una vez tenemos la atención de nuestro público, hay que transformar esta atención en interés y responder a la pregunta que tienen en mente: ¿por qué tengo que dedicarle tiempo a escuchar a este tipo/a? Pero esto es algo que dejaremos para el próximo post.

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3 comentarios

  1. Sixto Samuel Pérez 26 Marzo, 2015 en 1:39 pm #

    Bueno, contribuier en la formación de las personas

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  1. ¿Por qué tengo que escuchar a este tipo? |Muerte por PowerPoint - 15 Enero, 2014

    […] vimos en “Cómo empezar una charla con buen pie” el objetivo de una charla es doble: captar la atención de la audiencia y convertir esa […]

  2. El fin es solo el principio: Cómo concluir un discurso - - 25 Julio, 2014

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