Dos tipos de charlas: rápidas y ultrarrápidas

Mi primer ordenador fue un Sinclair Spectrum +2 con 128K y cassettera incorporada. Cuando quería cargar  un juego, tenía que encontrar el cassette, poner la cinta y esperar entre 10 y 20 minutos. Para los nostálgicos, el proceso de carga sonaba así:

Hoy en día las cosas han cambiado. Los juegos cargan de manera casi instantánea. De hecho, nuestro nivel de aguante con los tiempos de carga ha pasado a ser de minutos a segundos. En el caso de una página web, por ejemplo, 10 segundos.

Esta necesidad de satisfacción instantánea se está proyectando en otros aspectos de la vida. Igual soy solo yo pero a veces me parece intolerable que me tengan a la espera más de unos minutos cuando llamo al servicio de atención al cliente. En el ascensor compruebo el smartphone para matar el tiempo mientras subo a casa. Esperar al metro 15 minutos se me hace eterno.

Por otro lado, cada vez es más difícil mantener la atención de nuestra audiencia. Vivimos rodeados de anuncios y producciones de Hollywood diseñados a la perfección para enganchar y comunicar ideas.

La realidad es que la tecnología y la industria del entretenimiento nos ponen el listón cada vez más alto. Y a su vez las presentaciones que vemos a diario en conferencias, universidades y empresas, son cada vez más aburridas. Nuestras audiencias están cambiando. Y nosotros no estamos cambiando con ellas.

Bueno, me he pasado un poco. Sí que estamos cambiando. ¿Cómo? La luz al final del túnel es el interés que están recibiendo los formatos cortos. Formatos como TED, con un máximo de 18 minutos, están empezando a ser más habituales en conferencias, eventos e incluso en cursos online como los de Coursera. Sobre todo si están disponibles luego en Internet. ¿Cuándo fue la última vez que visteis una charla online de una hora o más?

A primera vista puede parecer que el formato corto haga la charla menos efectiva. Menos tiempo = menos información, ¿no? Wrong. El límite de tiempo, además de hacer más apetecible ver el vídeo en Internet, consigue que como presentadores, nos tengamos que esforzar en aplicar las “buenas prácticas” de la oratoria: estructurar la charla,  tener una idea central y, sobre todo, pensar bien qué vamos a decir y qué NO. Porque ya lo dijo Voltaire:

El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo.

Y si dieciocho minutos es una charla rápida, cinco es una charla ultrarrápida:

¿Tienes tres minutos y treinta días?

 

 

En definitiva, nuestras audiencias están cambiando y nosotros tenemos que evolucionar con ellas.  Cada vez hay menos foros en los que sea efectivo hablar durante horas. Poder comunicar una idea en un tiempo limitado es una habilidad fundamental del orador de hoy en día.

 

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2 comentarios

  1. Ana 13 Noviembre, 2013 en 10:44 am #

    Tienes toda la razón, los formatos cortos ya han ganado la batalla. El problema es que eso no lo aplican los que deberían dar ejemplo. ¡Nos aburren! ¿Cuándo se van a enterar?

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  1. Eliminar para añadir: El trabajo de edición - Muerte por PowerPoint - 14 Diciembre, 2015

    […] vez que lo oigo. Después de más de 11 ediciones ayudando a decenas de oradores a preparar las charlas ultrarrápidas en Ignite Valencia, es un comentario que oigo en cada edición. Lo gracioso es que lo suelen hacer […]

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