Informar, persuadir, entretener, motivar. 4 tipos de discursos

Hace ya semanas y meses hablamos de “lo más importante en una charla“:

Lo importante no eres tú, ni lo que pasa durante la presentación. Lo realmente importante es lo que pasa después, el cambio en la audiencia como resultado de tu charla. Una nueva idea. Una nueva perspectiva. Un truco que puedan usar en el trabajo. Una nueva manera de secarse las manos.

Este cambio, el objetivo de nuestro discurso, es alcanzable y específico. Pero además podemos tener un objetivo más general: informar, persuadir, entretener y motivar.

Así, generalizando. Aunque la realidad es que un discurso puede tener varios objetivos, uno de ellos suele predominar. Veamos algunos ejemplos.

Presentación informativa

Una presentación informativa es la que informa sin tratar de convencer a la audiencia. Nuestro objetivo es presentar información de manera que sea útil e interesante para el público. Ejemplos típicos de charla informativa son una clase, o una rueda de prensa (aquí lo de “sin tratar de convencer” es debatible).

Presentación persuasiva

Una presentación persuasiva, sin embargo, si que trata de convencernos de algo. De una opinión, de que compremos algo, de que pasemos a la acción. Cualquier presentación de ventas, o discurso político, es una presentación persuasiva:

O la también mítica “Respect the cock” (en inglés, sin subtítulos):

Presentación entretenida (o de entretenimiento)

Esta es la categoría sobre la que tengo más dudas, porque creo que todas las charlas deben ser entretenidas para ser efectivas. Mi teoría es que las charlas de entretenimiento son las únicas que no tienen un objetivo específico, más allá de entretener al público. Aunque voy a poner en duda mi propia teoría ahora mismo, porque las charlas entretenidas por excelencia, los monólogos cómicos, suelen tener un mensaje:

Presentación motivadora

Realmente un subtipo de las presentaciones persuasivas, ya que el objetivo de una presentación motivadora es persuadir a la audiencia de alcanzar metas (personales, empresariales, etc.). Suelen ser discursos con una alta carga emocional y de los que salimos un poco “emocionalmente colocados”. El clasiquísimo en esta categoría, el discurso de Stanford de Steve Jobs:

Pues bien. ¿Y esto para qué me sirve?

Inicialmente puede parecer que no es más que una curiosidad, pero el objetivo general de una charla nos sirve para elegir. Durante el proceso de creación de una charla hacemos miles de elecciones: estructura, apoyo visual, anécdotas, palabras, introducción, conclusión, etc.

Por ejemplo, escribiendo la conclusión de una charla informativa podemos simplemente hacer un resumen de lo que hemos dicho. Sin embargo en la conclusión de una charla persuasiva es importante hacer una llamada a la acción.

Estas pequeñas elecciones guiadas por el tipo de presentación que estamos haciendo son las que al final dan forma al discurso. Así que, cuando te prepares para tu próxima presentación pregúntate antes ¿Qué tipo de presentación quiero hacer?

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3 comentarios

  1. mirian 18 Agosto, 2015 en 2:17 am #

    🙂 me gusta mucho habla sobre la vida real, que pasa y me pasa la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagas:)
    no conformarnos ….explorar mucho mas allá quiero saber mas …:) gracias por motivarnos presentación es muy admirable:)

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