Presentaciones y lenguaje corporal (magufadas off)

Llevo meses evitando escribir este post. El tema del lenguaje corporal es un tema que me intimida. Y me intimida porque es un tema muy propenso a las afirmaciones poco fundadas y la pseudociencia.

Empezando por la (falsa) afirmación “El mensaje verbal apenas participa en la comunicación. Solamente un 7%, frente a un 38% de la voz y un 55% del lenguaje corporal”. Como ya comentamos en un post anterior, esto es un mito basado en un estudio poco fiable.

“El cuerpo no sabe mentir” dicen los gurús del tema, que afirman que son capaces de descifrar personalidades o hacer que alcancemos el éxito (si seguimos su método, previa compra del libro o seminario).

Puede que os suene esto:

  • Si te tocas la nariz, estás mintiendo
  • Cruzar los brazos indica que estás a la defensiva
  • Si estás ligando con alguien y se atusa el pelo, es que la cosa va bien

Pero después de leer bastante sobre el tema he llegado a una conclusión: la interpretación del lenguaje corporal es una herramienta que tiene muchos usos, pero que también está sujeta a muchas restricciones ¿Y si te cruzas de brazos porque tienes frío? Hay demasiadas variables culturales, situacionales o personales que convierten el tema del lenguaje corporal en una ciencia “no exacta”.

Por ejemplo, hasta hace nada he sido muy fan de la Charla de Amy Cuddy en TED, en la que afirma que:

  • Se puede diferenciar entre lenguaje corporal de “alto poder” y “bajo poder”
  • Nuestro lenguaje corporal también afecta como nos sentimos: las poses de “alto poder” hacen que nos sintamos menos estresados

Para mi sorpresa, no hace mucho estas conclusiones han sido puestas en duda por la comunidad científica (enlace en inglés).

¿Y entonces?

Hablemos primero de las herramientas de trabajo con las que contamos ¿qué partes de nuestro cuerpo podemos usar para comunicar?

– Los ojos y la mirada
– La cara y las expresiones faciales
– Las manos y los gestos
– El cuerpo, la postura y la posición en el escenario

Le dedicaremos un post entero a cada una de estas partes del cuerpo y hablaremos en detalle sobre cómo usarlas para comunicar mejor. Hoy vamos a tratar el tema de manera general, visto desde el último piso de un rascacielos y sin citar estudios científicos.

De momento os propongo un ejercicio: mirad este vídeo (4 minutos) y fijaos en como usa el lenguaje corporal Damián Alcolea:

Concretamente:

– ¿Cómo comunica con la mirada? ¿Dónde está mirando?
– ¿Varía su expresión facial? ¿Sonríe?
– ¿Sus manos apoyan lo que está diciendo? ¿Las mueve mucho o poco? ¿Cuál es la posición de descanso?
– ¿Se mueve por el escenario o está quieto en un solo sito? ¿Está estable o se balancea?

Cuando nuestro lenguaje corporal empeora la comunicación

Nuestro estado de ánimo se refleja en nuestro lenguaje corporal. Esto es especialmente visible a la hora de hablar en público, cuando estamos nerviosos:

– Paseamos arriba y abajo por el escenario, también conocido como “la fiera enjaulada”
– Trasteamos con las manos: nos rascamos el pelo, nos tocamos el anillo, le damos vueltas al boli…
– Nuestro cuerpo apunta hacia la salida del auditorio
– Hacemos el bailecito: un pasito hacia delante, un pasito atrás
– Miramos constantemente a la pantalla o no miramos a la audiencia a los ojos
– Escondemos las manos detrás del cuerpo, conocido como “el jubilado mirando la obra”
– Metemos las manos en los bolsillos

En general, no prestamos atención a lo que estamos haciendo porque los nervios no nos dejan pensar. Nuestro lenguaje corporal es espontáneo e incontrolado. Esto no es necesariamente una barrera a la comunicación efectiva. El lenguaje corporal espontáneo te hace más humano, vulnerable y accesible.

Pero en muchas ocasiones los síntomas de los nervios son un obstáculo a la comunicación porque distraen a nuestra audiencia. No solamente no añaden a nuestro mensaje, sino que además distraen al receptor.

El camino hacia una expresión más efectiva

El primer paso para mejorar nuestro lenguaje corporal es que seamos conscientes y que prestemos atención a lo que estamos haciendo en el escenario. La próxima vez que hables en público mira a ver si tienes alguno de estos comportamientos (si es demasiado, grábate en vídeo o pide a un amigo que te evalúe).

Una vez has identificado estos gestos, trata de eliminarlos uno a uno, trabajando hacia la neutralidad. ¿Haces el bailecito? Lleva cinta americana y haz un cuadrado en el suelo del que no tienes que salir. ¿Miras mucho a la pantalla? Llévate a un amigo, ponle en primera fila, y mírale todo el rato.

No es fácil, pero si eres consciente de lo que estás haciendo y por qué, tienes la mitad del trabajo hecho. De la otra mitad hablaremos en futuros posts de esta serie sobre lenguaje corporal.

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2 comentarios

  1. pablo 9 Agosto, 2016 en 4:32 pm #

    Falta un link en “mirad este vídeo (4 minutos)”

  2. Nacho Téllez 26 Enero, 2017 en 11:01 am #

    Interesante el link de la refutación de los resultados que Amy Cuddy expone en su TED talk. ¡Gracias!

    Yo, al igual que tú, siempre he sido fan de esa charla – y lo sigo siendo- pero es verdad que los resultados de muchos experimentos se desvirtúan por los titulares. Son una víctima más del marketing de nuestra época.

    Si unos psicólogos descubren que comer plátano incrementa en un 2% la secreción de testosterona, cuando se publica lo que dirán es: “Comer plátano aumenta la potencia sexual”. Más clicks, más visitas, más visualizaciones.

    Como curiosidad, el experimento de Cuddy es una réplica de uno que se hizo en los 80′ – o los 70′- en el que los experimentadores pedían a los sujetos que apuntasen con un arma a otra persona durante unos minutos. Los resultados en los niveles hormonales eran parecidos a los que publicó Amy Cuddy. Lo malo es que en esa época no existían las TED talks.

    Si encuentro el abstract del estudio volveré para añadirlo en el comentario.

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