Tú y yo tenemos que hablar. Conversar y hablar en público

¿Cuántas veces te has dormido durante una conversación? ¿Y durante una presentación? Por algún motivo, nos resulta mucho más fácil desconectar y dejar de prestar atención cuando alguien está hablándole a un grupo que cuando nos está hablando uno a uno.

La conversación es un “modo” de comunicación que, de manera natural, consigue que nuestro interlocutor preste atención y no se distraiga o, peor aún, se duerma. Esto me hace reflexionar. ¿Qué hace una conversación diferente de una presentación, y cómo podemos hacer nuestras presentaciones más conversacionales e interesantes?

Imitando una conversación

La atención absoluta del público es el momento mágico de la oratoria. Existen muchas técnicas para conseguirla, pero las más efectivas y sencillas son las que nos podemos copiar de las conversaciones:

1. Hablar por turnos e implicar a la audiencia

En una conversación, generalmente, hablamos por turnos. Los que no hablan, escuchan. Y prestan atención porque tienen que seguir el hilo de la conversación. Existe un incentivo para prestar atención: atiende, porque puede que venga tu turno y seas el próximo que tiene que hablar.

Cuando yo era pequeño, mis abuelos se empeñaban en llevarme a misa los domingos. Me parecía curiosísimo ver que había un guión no escrito de la misa. En ciertos momentos los feligreses responden al cura, al unísono: “Y con tu espíritu”, “Señor, ten piedad”, “Cristo, ten piedad”, etc.

El cura está involucrando a la audiencia en un diálogo. Se espera una respuesta de ellos, con lo que hay un incentivo añadido para prestar atención.

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Lo mismo podemos hacer en nuestros discursos con los aplausos, el humor y las preguntas.

Se puede conversar con la audiencia mediante los aplausos. Los políticos en los mítines saben hacer esto perfectamente. Cambian el tono de voz para que les aplaudan. El público toma su turno en esta conversación y aplaude en los momentos adecuados.

Otra manera que tiene la audiencia de tomar su turno y de responder durante un discurso es usar el humor. Hacer una broma de vez en cuando hace que la charla sea más llevadera, no solo porque reírnos nos da un momento de descanso, sino porque reírnos es nuestra manera de responder. Estamos prestando atención porque estamos esperando a la siguiente broma, a nuestro momento de intervenir, riendo.

Finalmente, como oradores podemos darle el turno a la audiencia haciendo una pregunta. Esta pregunta puede ser retórica, para que piensen la respuesta, o puede ser real, para que alguien responda. La pregunta no tiene por qué ser respondida con palabras, también puede ser la típica pregunta de: “Cuántos de vosotros habéis pensado alguna vez que…”.

2. Repetir lo que dices e indicar por dónde vamos

En una conversación podemos interrumpir y pedir clarificación. Si nos perdemos o no entendemos algo, siempre podemos hacer preguntas y pedir que nos lo repitan otra vez, o que nos expliquen mejor algo que no hemos entendido.

Para conseguir esto, podemos diseñar nuestras charlas para que puedan ser seguidas sin que nos pidan que repitamos. Un buen punto de partida es usar la estructura en tres partes, de la que ya hemos hablado.

Adicionalmente también podemos hacer pequeños resúmenes de lo que vamos a decir y lo que ya hemos dicho, para recuperar a los rezagados que se han perdido por el camino: “Hemos hablado de las rocas metamórficas y sedimentarias. Ahora vamos a habla de las rocas ígneas.”. La repetición de ideas es una herramienta fundamental al hablar en público.

3. Mirar al público

En una conversación, estás cara a cara con tu interlocutor. La persona que está hablando puede ver nuestras reacciones, y puede ver si estamos prestando atención. El que tiene la palabra puede incluso parar y pedir nuestra atención (el temido: “Cariño, ¿me estás escuchando?”)

Explicado de otra manera: ¿Cuánta gente está prestando atención en esta rueda de prensa?:

Caraplasma en acción

Caraplasma en acción

 

Las audiencias saben que no van a tener que hablar en un rato y si además nadie les mira lo tienen fácil para perder la concentración.

Habrás oído ya en mil sitios lo del contacto visual y que hay que mirar a toda la audiencia a los ojos y hacer barridos. Efectivamente. Y éste es el motivo por el cual es importante. Si no estás mirando a la audiencia a los ojos, te van a prestar menos atención. Es como si estuvieses dando la conferencia a través de una pantalla. Mírales, como harías en una conversación y les animarás a que te escuchen más atentamente.

Bola extra: Pausas

Si volvemos al tema de hablar por turnos, se me ocurre otra diferencia: cuando conversamos hacemos muy pocas pausas porque una pausa indica fin de turno. Al hacer una pausa le estás dando pie a otra persona a que te quite la palabra. Sobre todo en una conversación entre más de dos personas.

La grandísima mayoría del tiempo que estamos hablando lo hacemos en “modo conversación”. Es por esto por lo que hacer pausas nos resulta tan incómodo cuando hablamos en público. No estamos acostumbrados.

Pero créeme, aunque te resulte incómodo, a tu audiencia no le importa. De hecho, le ayuda. Hacer un discurso con silencios mucho más frecuentes y largos que en una conversación ayuda a tu audiencia a digerir la charla, dividiéndola en trozos más cortos y separados. Como hacían tus padres cuando te cortaban la carne en trocitos, vamos.

Tenemos que hablar

A toro pasado, todo lo que hemos visto hoy es de sentido común. Hacer preguntas retóricas, mirar a la audiencia, usar el humor, etc. son técnicas que conocemos y reconocemos de manera natural. Intenta utilizarlas en tus charlas y conseguirás que no se duerma nadie.

Post inspirado por los primeros capítulos del libro “Lend me your ears” y una conversación con Sebastián Lora del blog Declamatoria.

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2 comentarios

  1. Antonioliuyang 7 julio, 2014 en 8:10 pm #

    Genial artículo como siempre! He descubierto con el tiempo, que soy más conversador que orador, de hecho estoy más cómodo conversando que soltando un monólogo.

  2. Jose Maria 25 julio, 2014 en 9:38 am #

    Magnífico post!
    Acabo de descubrir esta página y la voy a tener presente.
    Solo se me ocurre añadir algo, un consejo que me atrevo a dar, moverse! A ser posible moverse en el “escenario” donde estemos hablando, eso contribuye a llamar la atención.

    Un saludo.

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